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FORMENTERA NO EXISTE
La isla que no cansa.
Comienza asì el libro de STEFANIA CAMPANELLA, pensado en una noche veraniega y con un subtitolo muy claro: “un sueño de 23km”.
La autora nos concede la lectura de una parte de la aportación en castellano (el libro es en italiano) escrita por JUAN FARELLA.
El libro se puede comprar desde el blog de la autora, o en Formentera en las tiendas Las Brisas de Sant Francesc y Free Hugs en Es Pujols.

Formentera no existe, nos anuncia Stefania en su libro, verdad, pero Formentera no existe para algunos, para otros sí, amigo, porque Formentera existe para los que no ven más que un islote sucedáneo de Ibiza,: sólo un objeto de borracheras; lugar de “desconexión”; expolio vital; “buen rollo”; se cambia el “chip”, y no sé cuántas tonterías más, y esa Formentera sí que existe, aunque sólo dura unas semanas, pero conociéndote como te conozco, tu barco solitario pasaría como un “Holandés errante” sobre esa isla sin verla.
La isla que “non esiste” es la que se ve entre las líneas de las letras de Stefania, porque es una isla única que se construye y destruye para cada persona, un lugar subjetivo y por tanto difícil de explicar con palabras pero comprensible para los sentimientos; para las ideas, para la imaginación, y para la poesía, amigo mío, y para la poesía, por eso mentimos involuntariamente quienes vemos la isla desde la perspectiva personal e íntima; como mentimos cuando hablamos de nosotros mismos o de la persona que queremos.
Como te decía más arriba, a este libro hay que entrar no sólo por lo que dice, sino cómo lo dice, yo lo compararía un poco con los rostros de Picasso (Y perdona mi atrevimiento por hablarte precisamente a ti de pintura): esos rostros que al mismo tiempo nos muestran su perfil izquierdo, su perfil derecho, de frente, su conjunto desbaratado ¿Un rostro?, ¿Dos rostros? ¿Quizás tres?, no importa, todos son verdad, aunque la imagen superficial sea imposible: es la complejidad de la sensibilidad a que me refería antes, y esa complejidad, Stefania nos la muestra por separado en cada uno de los capítulos-rostros de su libro. Al final de su lectura queda por largo tiempo el sutil sabor de la isla: es como al oler la copa vacía que había contenido un excelente licor, descubrimos de pronto que aún perdura un aroma que nos descubre lo que antes no habíamos percibido.
Amigo navegante, nos gustaría ir a verte a la isla, quizás también con Stefania, y bebernos unos vinos -o esos whiskys que tan bien conocemos-, en algún lugar desde el que viésemos el misterioso horizonte de la isla, o pasar contigo un atardecer de nubes y frío y correr a escondernos en las cuevas de La Mola a tomarnos un café fuerte para hablar de ese mar que un pintor de Formentera, nos explica Stefania, no sabe donde empieza ni donde termina, pero creo que nuestro encuentro no a va a ser posible
Amigo mío, calculo que llegarás a Formentera en Otoño, procura retener la luz de ese tiempo, guárdala porque es bella, pero desaparecerá, y, como estoy seguro que en la isla te vas a quedar largo tiempo, permanece atento porque vendrán otras luces distintas, y otros vientos, y otros sentimientos, y otra música con su silencio, en definitiva, vendrán otras Formenteras, que tampoco existirán.
Navegante solitario, durante tu estancia en la isla, toca la arena, y las higueras, y las piedras; acaricia una roca, y una sabina, pasa tus dedos despacio por la pared de una iglesia blanca cuando le de el Sol, saluda a las lagartijas, lanza un beso lento sobre las dunas, ponte en la boca unos granos de sal de las salinas y expúlsalos, deja que el ancla de tu velero se clave en los fondos de cristal, y el día que decidas marcharte vuelve a esos lugares, hunde tu mano en la arena y siente el calor de las piedras: porque en cada partícula están pintados y grabados los colores y las voces de muchas personas que no has conocido ni te conocerán, así te llevaras contigo el recuerdo de muchas Formenteras. Y los que algún día volvamos después, nos llevaremos también, sin saberlo, una parte de todo lo invisible que tú habrás dejado para siempre en Formentera: lo dice el libro de Stefania.
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Gastronomía Mallorquina
Antes del boom turístico en las Islas, mucho antes de los grandes hoteles y zonas turísticas, la actividad pesquera y campesina era muy rica y variada en Baleares. Por lo tanto, la gastronomía balear está muy relacionada con los cereales, el vino y el aceite.
Si visitais Mallorca alguna vez, no os olvideis de probar el “Pà Pagés”, las cocas (las de Valldemossa, riquísimas), empanadas, i cocarrois, que son elaborados en base a harina de trigo.
Así mismo, el “pa amb oli” es uno de los platos más representativos que se prepara con pan y tomate en rama untado, con aceite y sal, y se acompaña de embutidos o quesos (el mahonés es de mis favoritos) y aceitunas “trencades”.
El aceite de oliva es básico como ingrediente culinario. Forma parte de los platos de baleares más típicos y les aporta un sabor muy especial y característico.
Respecto al vino, la producción de las Islas Baleares ha adquirido en las últimas décadas una calidad y personalidad reconocidas, tal y como se ha demostrado durante estos años en diferentes certámenes, concursos y ferias.
Otros platos típicos son el arroz “brut” o de pescado, tumbet (pastel de verdura), o trempó (ensalada mallorquina) entre muchos otros, ya que la gastronomía balear se diferencia por la elevada variedad de sus platos.

No nos tenemos que olvidar de nuestra querida “sobrassada” y de la popular “ensaïmada” que seguro que será conocida por todos vosotros.
Desde Travel2Baleares os invito a disfrutar de las Islas con los cinco sentidos. Bon Profit per tots!
Envidiado por vivir en mi casa, el Pto. Pollensa
Antes de poner los dientes largos a más de uno, me gustaría dar las gracias por brindarme la oportunidad de participar en este espacio, vengo para aportar mi tiempo, mi punto de vista sobre muchas cosas, mis nociones (más que conocimientos) y sobretodo mi ilusión, por poder compartir espacio con los fenómenos que tengo al lado de mi foto de perfil.
Soy natural de Inca (Mallorca), y soy una de esas especies raras en la actualidad ya que me encuentro en plena fase de emancipación. Ya tengo 25 añitos y a pesar de que sea feliz con mis papis, siento la llamada de la naturaleza y necesito mi espacio… este espacio lo he podido encontrar en el Puerto de Pollensa.
Conserva el encanto del típico puerto de pescadores, casas bajas, 4 muelles, un paseo eterno para pasear, pasear y pasear, una de las mejores playas de la isla, su club nautico y una oferta gastronómica envidiable. Otro de los encantos de mi nuevo lugar de residencia, es que está pegado a la montaña… desde cualquier punto del puerto se ve el mar y con solo girar la cabeza se ven varias montañas…
Por las noches, el faro y la carretera de Formentor… animan la línea del horizonte ya que de día, el hidroavión en prácticas, anima a más de uno con sus vuelos rasantes. (otro día os cuento la leyenda urbana del submarinista abducido).
Otro punto a favor, es que para los amantes de los deportes derivados del surf, a 2 km está la playa de “Sa Marina” donde pasar horas y horas viendo gente pegarse castañas contra el mar…
Sinceramente, el lugar es tranquilo, bonito a rabiar y no muy masificado, y cuando le comento a alguien donde vivo, me siento envidiado, eso deber ser por algo verdad? animaros a visitar el Puerto, y nos tomamos una cervecita previo aviso.





